La visita ‘Ad Limina’

De acuerdo con la disciplina canónica, el obispo diocesano realiza cada cinco años la antigua tradición de la visita ad limina , para honrar los sepulcros de los santos apóstoles Pedro y Pablo y encontrarse con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.

La Visita, en los diferentes momentos litúrgicos, pastorales y de intercambio fraterno  tiene un significado preciso para el Obispo: aumentar su sentido de responsabilidad como sucesor de los Apóstoles y fortalecer su comunión con el sucesor de Pedro. La Visita, además, constituye un momento importante para la vida de la misma Iglesia particular, la cual, por medio de su representante, consolida los vínculos de fe, de comunión y de disciplina que la unen a la Iglesia de Roma ya el eterno cuerpo eclesial.

Los encuentros fraternas con el Romano Pontífice y con sus más estrechos colaboradores de la curia romana ofrecen al obispo una ocasión privilegiada no sólo para hacer presente la situación de la propia diócesis y sus expectativas, sino también para tener más informaciones sobre las esperanzas, alegrías y dificultades de la Iglesia universal, y para recibir consejos y directivas oportunas sobre los problemas de la propia diócesis. Esta visita representa un momento fundamental también para el sucesor de Pedro, que recibe los pastores de las Iglesias particulares para tratar con ellos las cuestiones que se refieren a su misión eclesial. La visita ad limina es así expresión de la solicitud pastoral de toda la Iglesia.

Por estos motivos, es necesario una preparación diligente. Con anticipación suficiente el obispo se preocupa de enviar a la Santa Sede la Relación sobre el estado de la diócesis. Para la redacción dispone del formulario relativo preparado por la Congregación para los Obispos. Esta Relación deberá ofrecer al Romano Pontífice ya los dicasterios romanos una información de primera mano realista, sintética y precisa, que es de gran utilidad para el ejercicio del ministerio petrino. Además, la Relación ofrece al obispo un medio idóneo para examinar el estado de su Iglesia y para programar el trabajo pastoral: por eso conviene que para su elaboración el obispo se valga de la ayuda de sus más estrechos colaboradores en la función episcopal, si bien su aportación personal es indispensable, sobre todo en los aspectos que tocan más de cerca su actividad, para dar una visión de conjunto del trabajo pastoral.

La praxis actual es que las visitas se realizan regularmente para conferencias episcopales, o divididas en diferentes grupos si son demasiado numerosas, evidenciando así la unión colegial entre los obispos. Aunque algunos momentos se hacen en conjunto visitas a las tumbas de los Apóstoles, el discurso del Papa, reunión con los dicasterios de la curia romana , es siempre el obispo particular que presenta la Relación y cumple la visita en nombre de su Iglesia, encontrándose personalmente con el sucesor de Pedro y teniendo siempre el derecho y el deber de comunicarse directamente con él y con sus colaboradores sobre todas las cuestiones que tienen que ver con el ministerio diocesano propio.

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